jueves, 4 de septiembre de 2014

Desnudez conceptual

"Murmuro: es una banqueta, un poco a modo
de exorcismo. Pero la palabra permanece en mis labios;
se niega a posarse en la cosa. (...) Las cosas se han libe-
rado de sus nombres. Están ahí grotescas, obstinadas, 
gigantescas y parece imbécil llamarlas banquetas o decir
algo de ellas: estoy en medio de las Cosas, las innominables.
Solo sin palabras, sin defensa, las Cosas me rodean, debajo de mí,
detrás de mí, sobre mí. No exigen nada, no se imponen: están ahí".
La Náusea-  Sartre.


Desdeñosa, malcriada como un señorita de algún claustro católico es mi Palabra. No la que se proyecta al mundo, sino la que me estalla aquí adentro, en la cabeza. La que me grita mis costuras, la que me echa sal en las heridas, la que me toma por el mentón de mis pensamientos y me dice que estoy en la luna que pise el suelo antes que el embeleso del cielo me estrelle contra el mundo. Me infundo valor para retarla con la mirada, pero no contaba con su naturaleza disoluta. La que se muestra como forma de castigo chino para dejarme las ganas humeantes de querer acorralarla y pedirle que ponga en mi boca palabras que más que un concepto me definan la imperfección. Sí, lo casto, lo humano y mundano de mí. Pero no está para presentarle mi libelo de reproches. No está para soltarle una sarta de dramas ensayados. Ni para hilar sus palabras mezquinas a mi boca. No está para serme, para darme un concepto, un sustantivo de ancla definitorio en caso tal que yo no sea nada y me escude en un concepto. Un nombre, algo nominado para no ser presa de la intolerancia a la desnudez impúdicamente inconceptuada. Pero ¡qué demonios! Una palabra no llega ni a contornear reflejos. Demasiado pálidas para llegar a atinarme. Dejen de cubrirme, salgan de mí, palabras que no se poseen ni a sí mismas. Estoy desnuda. Sin un concepto que tape mi impudicia virginal. Con una castidad sin faldas, con un ser irregular expuesto y desvirgado. Con un verbo inconexo sin semas, ni sintaxis ni gramá(drama)tica, ni tildes que embellezcan mi Yo. Qué náusea de vida. No, no. Qué vicio de nulidad absoluta un ser indefinido, me dicen. Ahora no queman a las brujas y herejes ahora señalan y condenan la indefinitud por convicción.