De Un long dimanche de fiancailles
"Mis brazos no te retienen y por eso justamente te poseo para siempre" (Rilke)
"Canta, Rosaura, que yo te acompaño con el temblor de mis manos" Mar Negro
(Guillermo de León Calles)
"Me puse a repicar las campanas como si en cada golpe
te diera los pedazos de alma, los trozos del amor"
Uno (Adriano González León)
¿Cómo ama un corazón rilkeano? Un amor azul. La calma indiferente en la mirada mientras un corazón repica un amor apretado y contenido. Unas manos que tiemblan de ternura sin nadie que las reciba. Un heme aquí por ti con ojos cerrados. Un pecho lloroso de sentir tanto. Un abrazo dado hacia dentro mientras el alma consagra y posee para siempre. Música que esboza una sonrisa discreta, una mano tendida con una flor. Un corazón de paseo solitario. Un monje subiendo la escalera de caracol. La ciudad que se extiende debajo del campanario-corazón, amo y señor de lo grande, de lo sublime, de todo lo que sube, pero agacha la mirada porque no quiere que espante tanto mar sin orillas. Un corazón que canta, que hace templar duro las campanas como si dejara el alma en ese repicar hermoso de canto de ángel que lleva alas en forma de sonido que se expande y vibra en la piel y el corazón tembloroso de una muchacha que disimulaba con lentes de sol ese mirarse sola a sí misma en las tejas solitarias de casas coloniales con fondo azul cielo intenso.
Azul cielo intenso como sentía en ese momento un querer apretado, atorado en su pecho sus manos que se acarician a sí mismas, que van a sus sienes, a su cuello, a sus ojos. Ojos color miel que no miran el sol, hoy no. Hoy los cierra y escucha el repicar de las campanas. Tararea la canción una melodía de viento y de mar. Se mece. No desea que acabe ese instante, se mira arriba en el campanario templando duro la campana, se mira en las estatuas de los ángelitos negros de la iglesia, en el ángelito robado, y también en la gárgola con posición de espera sobre la baranda del balcón de Notre Dame. Un amor rilkeano es azul, es decir grave y dulce, digamos que repica pero también dobla las campanas con toda la fuerza del azul de su alma, allí gana alas y canta. Se sublima, se hace hoja, pájaro, se hace sístole en un latido y luego diástole en campana, se sabe infinita, mujer sola, que una ciudad no le basta para expandirse.
