"Amberes es un sueño parecido a ella".
jueves, 20 de julio de 2017
lunes, 10 de julio de 2017
Diario de la mujer sola: cuatro notas.
04/07
Viejo ritual: El jardín de los presentes.
Viejo ritual: El jardín de los presentes.
La mujer sola cumple
con su rutina, El Jardín de los Presentes para hacer la cena. La mujer de
pronto se olvida de que se encuentra lavando las lechugas. La mujer sola se
siente mecida por un arrullo suave que le canta desde atrás. Ella cierra sus ojos
y siente que es esa melodía-beso quien le sella los párpados con dulzura. Dice
bajito, dame brisa de mar. Repite, dame brisa de mar. Y se tiende con un
extendido abandono de sí misma en un sostenido abrazo que canta una nana que es
sólo un tarareo suavecito que se expande por su interior. Mira muchacha, no tienes
que ser abrumadoramente perfecta. Tu ternura le basta para darte toda la luna, todo el cosmo con estrellitas, todo lo sagrado de su templo. Dame brisa, te pide. Ella atiende cuando ves el cielo mientras te mira bailar. Rómpeme
el albedrío. Me contorneaste sin saberlo, me diste nombre, ahora sálvame.
Vetusta Morla.
"decir que esa mujer era dos mujeres es decir poquito
debía tener unas 12397 mujeres en su mujer"
Juan Gelman
La mujer sola es la
vetusta Morla de su historia interminable.
Este eco de voces en
mi interior me acompaña. Camino y me río sola, la otra reprime con un molesto
chistar. A lo lejos suena una risita contenida. Somos así, todas nos hablamos
entre sí. La mujer sola y sus innumerables mujeres en su mujer interior, son ella, sola. Es ella dividida
en sus particularidades en cada una. Son seis, y hay alguien más, pero no se deja mirar, aún no. Estas mujeres en su
mujer enecesitan paz, les sobresatura el ruido, se sienten muy suyas cuando se
habitan solas. Pero, déjame en paz, ya, este tiempo nos consume. Calma,
deseamos calma, silencio. Paz. Shhh.
05/07
I am a bird now
En una tarde
lluviosa de julio la mujer sola escucha a Antony & The Jhonsons mientras el
café espumoso le humea los ojos desesperanzados. Piensa en aquella vez que
trepó el árbol y sintió cómo la mecía con la fuerza calma del viento. Le
gustaba cómo era de amoroso aquel pino mexicano, que dijo su madre que se
llamaba el árbol de su patio. No digamos que a pesar de ser pequeño era
impetuoso; al contrario, tenía esa serenidad grave de los árboles gigantescos.
Agitaba sus hojas con cansancio, llevaba en sus ramas un esquelético pero firme
movimiento. Mecía suavecito, casi imperceptible, pero lo suficientemente
certero para sentirlo como que acuna los brazos firmes y dulces de un padre. Si
cerraba sus ojos, pensaba la mujer sola, se sentía alguno de esos pájaros
solemnes, inalcanzables, posados en las copas de los árboles, con pensamientos
más altos que nuestros humanos y terrestres pensamientos. Se sintió habitada
por la belleza de la andrógina voz, de la que tomaba la ingravidez de lo
mutable, de la belleza de lo efímero, para imprimir en sí misma el poder del
estremecimiento de lo bellamente inexpresable, de alcanzar esa intermitencia
tan bella de la que siempre quedaba prendada la pesadez de su alma. De aquella
muchacha que se posó en su ventana, fue
mariposa o ave, no sabría aún precisar, pero prefirió, en ese entonces,
mirarla desde afuera para no espantarla, reparó en lo lindo que tenía su posar.
Se le quedó la mirada extraviada en sus alitas, quiso acercarse, quiso tomarla
entre sus manos, quiso acariciarle su gorjeo, quiso…. Pero se contuvo, quiso
entenderla, quiso saber por qué entre todas las ventanas fue tan casual esa
espontánea manera de aterrizar en la suya y mirarle, sí, mirarle, la miró esta
mariposa, ave, en su ventana, le miró fijó. ¿Cómo puedes saber que un ser tan
efímero tan propicio al viento te está viendo? No lo sabemos, pero ambas se
miraron. Pero era esas miradas que traspasan, esas de las que dos almas se
miran y se reconocen. La mujer sola se sintió magnetizada por la gravedad de
aquellos ojos tristes que le decían un no sé qué incognoscible y de paridad a
su alma. Pero la mujer sola, se engañaba de tal paridad, había en aquella muchacha ave-mariposa un
abismo inexplorable, un algo que no se deja mirar, ni mucho menos habitar. Es
quizás aquello lo que posee el desapego de las aves migratorias que ningún
suelo las ata, ningún parasiempre les domestica para que se queden, ni mucho menos les ata la gravidez de casa arraigada que habita en el pecho de la mujer sola, ellas sólo
se saben del viento, y vuelan sin amarres. I am a bird now, se
susurró la mujer sola sin convicción.
06/07
Pasajera en trance
La mujer sola está
en el puesto de los trujillanos, coge algunas papas, un pepino, un tomate, una
batata, lechuga, suficiente lechuga para su cena de esa tarde-noche. Se ve
relajada, casi perfecta, cociendo las papas, pelando los tomates y el pepino,
lavando las lechugas mientras escucha al Charly. Desde la mañana se levantó con
esa melodía transitoria en su cabeza. Ella está por despegar. Ella se va… Iba
camino al trabajo cantando con su voz susurro-desgajada. Le fue lindo aquella
mañana, aunque le costó unos minutos tarde valió la pena. Transitó por segunda
vez de la semana por la Aurora, su calle nueva favorita. En el camino se topó con
dos acacias y un arbusto de unas flores blancas. La doncellez y pureza de sus
pétalos le dio un aire muy familiar a
sus chiquitas , las flores de jazmínes, pero
carecían de su impregnante olor característico. Estaba animosa, aquella
calle le sacaba sonrisas a la mujer sola. Un amor real es como vivir en
aeropuertos. En el cruce de su calle se topa con un señor que llevaba una
carretilla toda verde con un montoncito de plantitas agitándose sonrientes en la inocencia en cada traqueteo con que las arrastraba las gastadas ruedas. Aquello le interrumpió su melodía mental. Por instinto
su tacto y olfato ya estaban en íntima armonía con unas hojas ovaladas, -¿tiene
orégano?-Son esas que toca.- Ay, no me diga, Ay, señor, ¿en serio?-su
desordenada e inocultable emoción la hizo derramar muchos deseos venturosos al
señor de la carretilla y llevarse abrazada con cariño maternal a su plantita de
orégano. La cabeza de esta mujer sola, aquella mañana de insospechada belleza
transitoria, no paraba de bambolear. Ella baila sobre el mar. Ella se va…
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