martes, 10 de abril de 2018

"Una figura de tus manos tiene mucho más"


Mientras sonaba Cielo de ti de Luis Alberto Spinetta



Estaba a tu lado mientras flotaba a susurros la melodía de una guitarra que recorría aquel monólogo empeñado de una mano a otra mano.  Se sentía aliviada que aquello no era cierto. Es decir, creía que podía destrozar todo esfuerzo cuidadosamente trabajado si tan sólo musitara su nombre. Pero no podía permitirse semejante imprudencia. Eras tú quien te veías cruzando en la esquina con los ojos virados de nostalgias con las penas haciendo nido en tu pecho, mujer sola que acomodas todo, para que se vea perfectamente en su sitio, mirada clara y firme, si se avista alguna inflexión debajo de tus ojos por las noches de maldormir disimulas con los cristales de los lentes o en su defecto, lentes de sol. Domesticas la gravedad de tus labios, manteniendo una dibujada línea recta, sobria, firme. Ah, ah, mujer sola, esos labios, cicatriz displicente. Eras perfectamente tú, estructurada, paso firme, inventariando tus abrazos, tus risas, tus miradas, todo en ti, lo arreglabas para no quebrarte. Así hablamos de tu misma rutina al comer, al dormir, tus pasos obligados por tus lugares, tus calles, tus árboles, alimentabas tu inventario de nostalgias. Te era preciso para que no sé qué cripta dentro de ti se mantuviera en pie, era preciso hacer todo aquello como símbolo de llevarle flores frescas a las esculturas levantadas en su nombre. Cuando por descuido alevoso de ti misma-porque te gusta dolerte, Dolorosa-te delatabas con el resto, tenías fundado marco teórico emergente para tus leves inflexiones. Quién te aliviana tus ardores, quién aquieta tus temblorosas manos que recorren solas tu cuello, tu frente, en un empeñado disimular espacios vacíos, rincones de jarrones solitarios, una habitación de van Gogh sin cosas pares, el solitario hombro de la mujer de la fotografía de Kertesz que ahora es libre porque no justifica el My Elizabeth.
  Pero ahora por ilusión tus manos no estaban solas. Eran las manos como dos enredaderas retozando en el aire, apenas se tocaban. Se hablaban, no, no, era más tenue, se susurraban, se musitaban palabras que se disolvían a sí mismas para luego encontrarse y rumorear palabras rosa pálido, recuerdos tristes, suave música flotando entre ellas, con aquella voz que lo envolvía todo, y se hacía un fondo azul con líneas rosáceas pálidas en el aire. Eras tú, mujer sola, mírate, te estás temblando las manos con aquella humedad de esas otras manos.

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