sábado, 25 de febrero de 2017

Un sentimiento en forma de canción: Metal Heart (Cat Power)


Es inútil volver. Volver a ti. Es que todo me lleva a ti: una palabra, un sentimiento, una canción, un árbol, unas manos en el aire, un rumor de algo tierno que asemeja a una voz (esa voz que no he vuelto a escuchar más). La tristeza dulcita cuando eran las siete de la noche y yo en la parada con el llanto recorriendo sin pudor pues se sabía escondido. Un llanto que no me oprimía sino que me liberaba de este nudo agostado acá en el pecho y en la garganta, todo en un solo nudo bien firme para que nadie lo liberara. Te quería conmigo. Te pensaba tomada de mi mano con esa forma linda de arrumarte a mi brazo que hiciste cuando estábamos en la sala del museo. Tú no te acordarás. Yo lo recuerdo. Pero escribo, sobre el tiempo cuando la tristeza era dulcita y yo tenía alucinaciones. Estaba en la parada y conocí ese estado de gracia, ese bálsamo bendito que me liberaba del nudo, y te traía más viva a mi memoria. Más tangible a mis alucinaciones. Sentía tu mano en mi mano: tu mano humedecida en la noche. Y luego eran los atardeceres en la placita con el árbol que tiene los brazos abiertos. Sí, el mismo lugar común de la nostalgia posada en el crepúsculo, pero no me importaba. Sola yo contigo en forma de esa dulzura que me arropaba, cubriendo una ausencia que yo misma creé, lo sé, y me adjudico toda la culpa. Me visitaba y yo la aceptaba como la bendición. Porque estaba haciendo sitio allí entre sus brazos, luego eran las noches en mi cuarto, llorando en silencio y era dulce que me meciera, que me dijera: no está tu ausente, pero estoy yo. Y conocí el lado dulce de la tristeza. Me gustaba llevarla conmigo. La tentaba cuando la noche me pillaba caminando, en todos los atardeceres de mis caminos a pie de vuelta a casa, en mis esperas al mediodía en la plaza. Era habitual y yo me sentía acompañada. Luego los meses, los leves cambios de rutina, hizo que aquello que forjaba a fuerza de cumplir patrones rutinarios me abandonara de a poco. Pero quedó anclada en mi memoria ese estado de gracia. Esa tristeza que le prometí que volvería, no para buscar su consuelo sino como amante. No se dirá que volví, pero la he sentido bajo otra forma. Ya no bajo el modo del recuerdo de una niña dulce, sino de una canción. Una melodía que me evoca sus caricias, no las de mi ausente, sino la de elaque es más genuina y más real, esa que mientras puedo cerrar mis ojos mientras estoy en su regazo, me canta una nana triste con su voz llena de acordes sencillos, inflexiones ronquitas, dulzuras que confortan el corazón y me besa las lágrimas... and you'll be in a very sad sad zoo, me canta ronquita, dulcita.

No hay comentarios:

Publicar un comentario