Cuando uno quema cosas es como si se lavara por dentro.
¡No ven la tierra! Está toda sucia de monte, toda molesta
de monte. Y¡zuas! Uno le prende fuego por los cuatro lados. El viento;
sople por donde sople, no apaga las llamas. Las empuja más bien.
Y al rato es todo un hervidero de humo y una sonazón de palos secos. Después
a los días, la tierra está limpia, como ha de ser el corazón del hombre.
Un corazón con chamizas prendidas y el corazón se ve muy bonito
desde lejos cuando las llamas casi llegan al cielo del corazón.
Ensalmo para Vicente Cunarrosa (Adriano González León)
fuego x ese andar de sacar el alma y recoger luego por tu débil argumento de verlo como exceso impúdico, indecente, porque lo interior es sagrado y callado queda. Aprende de la muchacha, lirio verde, la del soberbio atardecer naranja que se le asemeja a la libertad de su alma. Aprende de las aves migratorias que te han trastornado tu estrechez de cerrazón, a casa arraigada. Aprende de Fito que pese a todo ofrece el corazón. Aprende de la niña de la dulzura aguerrida. Aprende, de la señora frente a la tanqueta, tu paz valiente. Pero, primero, préndete fuego x no saber aprender, x andar con tu cerrazón enceguecida, encendiéndole velitas a tus fantasmas. Fuego x tus arrastrantes sombras que no hermanas con esa Amatista tuya- piscis además-. Fuego x no saber hablar cuando necesitas hacerlo. Fuego x no saber amar- kamala tenía razón-. Fuego x tus labios injuriosos cuando la exasperación te desgaja la suavidad, fuego x haber nacido para lo inútil. Fuego x no ser el abrazo que salva. Fuego porque eres todo lo que se diluye. Fuego por tu voz que ni buenosdías-disculpe son oíbles. Fuego x ti, x lo que eres que no es nada, tan sólo un intento errando ser. Aspira el aire, va viciado de ti, pero espera, viene el bóreas fue el único capaz de mirarte a la cara y esparcir tus cenizas a la nada de donde vinieron.
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