Con
la voz ceremoniosa de Ian hace noche de septiembre mientras suena en el loop de
mi abulia Atmosphere, anunciando que hoy prefería no hacer nada. Hay mucho
tedio. Solo quiero mirar el muro mientras el agónico soplo del aire
acondicionado agita con raquitismo mis cabellos. El aire se me muere en los
poros. Es como si estuviera cubierta de plástico. Hay días que camino y soy
toda plástico. El viento choca contra mi cuerpo y se va. Es inútil oxigenarme.
Mi mano en la nuca, venteo la camisa y soy plástico. Pero no quiero distraerme,
hoy soy Bartleby. Mi mirada extraviada en el techo. Me hago más pesada, lenta e
inmóvil que de costumbre. Se me acumulan asuntos pendientes pero hoy soy
Bartleby. Respeten mi espacio, mi pequeño biombo. Hoy preferiría no hacerlo. Mi
pálida voluntad languidece con el rumoreo de mis deseos frustrados aquí dentro
de mi cuerpo. Todo es un asunto freudiano con algo de inexistencia corpórea de
mi ser. Borges hoy no paraba con los inmortales y los dioses. Mi presencia
palidece ante el recuerdo. No resiste la memoria. Se hace quebradiza, efímera,
insignificante ante los otros. "Me causaste mucha
ilusión", dijo. Ay, ilusión, infame efímera ilusión, duele serlo cuando acá dentro todo se
siente con gravedad y permanencia, lo que aún siendo nimio para el resto, aquí en lo profundo le crece una inmensa fibra que estructura los pedazos de esta armadura que se obliga a mantenerse erguida a no recostarse en las columnas y en los árboles . La soledad de Bartebly debió ocupar
mucho espacio en su interior para que su inamovilidad dócil y pasiva hiciera que de a poco corporalmente fuera
firme en su destino de irse apagando en degradé. Yo, por mi parte, ignoro mi suerte, pero al
igual que Bartleby tengo una firme y obstinada resolución de distinta
naturaleza: Sentir demasiado lo efímero. Contengo en mi interior la terquedad pasiva e intensa de Bartleby y el
desasosiego impotente de Narciso para consumar su amor. Estoy llenita de
ternura. Mi pecho mis manos mi brazos mi interior. Toda yo reposa su peso estático
ante lo que voltea para otro lado.
Quiero abrazarte, Instante. Quiero hacerte eterno. Pero me rehúyes, me
temes. Y yo que quiero que el peso de mi permanencia te colme los resquicios.
Quiero abrazar el agua y se me escapa. Me frustra tanto que la ternura se me
desparrame, me duele tanto asir la nada cuando tuve la convicción de que me
quería. Soy una espantosa y forzada creación de Melville y Ovidio. Ya basta.
Suéltenme. Hoy tengo el reposo eterno entre mis ojos. Mañana volveré por ti,
Instante. Mírame a la cara, mañana preferiría hacerte eterno. No hoy. Hoy soy
Bartleby.
En alguna noche de últimos de septiembre del corriente año.
No hay comentarios:
Publicar un comentario